08/06/2010

En: Comunicación, Marketing, internet

sentidocomun_escuchasUn dicho tradicional dice que “Dios nos ha dado dos orejas y una boca para que escuchemos el doble de lo que hablamos”.

No obstante la habilidad de escuchar resulta ser la que menos se trabaja. Incluso para aquellos que aspiran llegar a ser buenos comunicadores no siempre se cultiva lo suficiente. Un buen comunicador sabe que la verdadera comunicación no comienza hablando sino escuchando. La principal condición del comunicador es saber escuchar.

La capacidad de escucha proporciona más autoridad e influencia que la propia transmisión de información (por muy positiva y apasionada que esta sea). Si no se sabe escuchar, se corre el riesgo de comunicar (transmitir) muy bien cosas que no le interesan al público, al cliente.

No se puede considerar comunicación cuando sólo participa una de las dos partes. Y es que esta confusión entre comunicación y transmisión de información es muy habitual. Pero sin escucha ni retroalimentación se pierde el carácter bidireccional y el proceso se cierra.

Si hay algo que realmente está aportando Internet en el marketing y en las relaciones hacia dentro y hacia fuera de la empresa es, precisamente, la comunicación en su máxima expresión. Cualquier empresa que se asoma a Internet, o comunica (escucha y responde) o no obtiene nada positivo de estar en la red.

Cada vez son más los usuarios de Internet que utilizan los llamados medios sociales para buscar productos o servicios, compararlos con otros, comprarlos y… comunicar a la empresa, y a cuantos usuarios pueda interesarles, lo que experimentan y piensan de ellos. Lo realmente interesante es que estos medios sociales permiten que la empresa escuche, piense y responda casi de forma personal a cada usuario.

Este es el principal uso que hacen de Facebook y otras redes sociales la mayoría de las empresas que se deciden a socializarse. Porque para anunciarse ya hay unos cuantos canales más sencillos. Y desde luego las que realmente están dispuestas a comunicarse con sus clientes (en el pleno sentido del término) lo consiguen. Y el beneficio que obtienen, aunque difícil de cuantificar económicamente, es evidente: donde esté la opinión sincera de un cliente afirmando a los cuatro vientos que tu producto o servicio es utilísimo, que se quiten la mitad de campañas publicitarias.


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