09/04/2009
En: Periodismo
Semanas, meses y años de elucubraciones, teñidas de razones políticas, amores y odios, han plagado los confidenciales de este país. Desde hace años se presumía la salida de Federico Jiménez Losantos como presentador de La Mañana de la COPE. Su principal defensor, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco, no ha sido suficiente apoyo frente a las recomendaciones venidas directamente del Vaticano o los despachos de Génova, 21.
Si es una buena o mala decisión el renunciar a su presentador estrella es un asunto que cualquier otra emisora valoraría desde un punto de vista económico. Pero la razón de ser de la COPE trasciende el simple ánimo de lucro que guía a toda empresa.
Fuentes en las que escudarse para citar la cadena de rumores que se han venido produciendo son infinitas. El interesado explica que los “medios obsesivamente adversos” -La Vanguardia, El País, El Periódico, Público, PRNoticias, Periodista Digital, El Confidencial Digital y alguno más de este género- estaban, esta vez, “bastante bien informados”. Pero las quejas de Jiménez Losantos se dirigen a la dirección de la COPE: “ha estado jugando conmigo al ratón y al gato. Como las instrucciones del Comité Ejecutivo y algún otro ejecutivo anejo han tardado un mes en concretarse, creo que el comportamiento empresarial ha sido francamente mejorable, teniendo a todo el mundo sin saber qué habían decidido, si habían decidido algo, si estaban esperando a que se les ocurriera algo o si, simplemente, esperaban a la Semana Santa para servir el huevo, que, después de varias semanas puesto, estaba difícilmente comestible”.
Jiménez Losantos desglosa su valiosa aportación a la cadena durante los últimos 18 años ante la insuficiente oferta que ha recibido de Coronel de Palma, director general de la COPE: “La casa ha decidido que no continúe en La Mañana (se entiende que ni dirigiendo ni participando en ella)”.
La historia continuará. Queda por definir dónde



