20/09/2009
En: internet
La periodista Eva Domínguez se interroga en el diario La Vanguardia por los límites que estamos dispuestos a poner a nuestra privacidad y la alegría –ignorancia, ingenuidad- con que muchas personas lanzan a los cuatro vientos sus informaciones más personales.
Lo llamativo de este asunto es que la intimidad, una vez se pierde, ya nunca más podrá devolverse. El artículo ¿Asfixiados por la red social? destaca de esta forma las reacciones surgidas a los abusos cometidos por las redes sociales. La nota comienza señalando la tendencia que se ha extendido en Nueva York a organizar encuentros “en los que nadie pueda hacer fotos, comentar o alardear luego”.
Este fenómeno, añade la autora, implica “recuperar la intimidad, el placer de saber que no aparecerá una imagen o un comentario sobre ti en internet”, en respuesta a “la publicación compulsiva, la falta de pudor, el exceso de confianza y el reducido control sobre los propios datos” que se han convertido en moneda de uso corriente.
La era de la información ha permitido incorporar grandes avances en nuestras sociedades, entre ellos la extensión de la libertad, pero también ha traído consigo Domínguez vincula el abuso que numerosas personas hacen de las redes sociales con “la exhibición de las miserias propias y ajenas alimenta los horarios principales de muchos canales de televisión: Amigos que informan cada cinco minutos en Twitter de lo que están haciendo, ya sea esperar en una estación de tren o rascarse la barriga, otros que cuelgan fotos tuyas en Internet después de una noche de fiesta…”
